escapada en pareja en quito

Escapada en pareja en Quito

¡Hola, comunidad slow! Soy Margarita, y hoy les traigo una confesión: durante meses, mi espalda cargó el peso invisible de la ciudad. Entre el trabajo remoto, el cuidado de Tata y Tita, y las obligaciones de la vida en pareja, sentía que mi cuerpo era un puente tenso entre mil responsabilidades. Hasta que una tarde, mi novio me sorprendió con una reservación en Epilien, un santuario ayurvédico en el corazón de Quito que se ha convertido en nuestro refugio urbano favorito. Aquí les cuento cómo esta experiencia alivió mis músculos y nos enseñó a reconectar como pareja sin salir de la ciudad.


Un oasis Ayurveda en medio del caos urbano

No hay que viajar a un valle lejano para encontrar calma. Epilien está en Quito, escondido en un rincón en el centro norte, donde el bullicio de la ciudad se apaga como una vela al entrar. La fachada, con colores cálidos y luces tibias, promete lo que adentro cumple: un espacio donde el tiempo se pliega y el estrés se desvanece. La terapeuta, Pamela, nos recibió con una infusión de cúrcuma y jengibre y nos invitó a dejar los zapatos (y las preocupaciones) en la entrada. Confesión: Mi novio, escéptico al principio, dijo: «Esto del Ayurveda creo que es de hippies, veamos qué tal».


El ritual en pareja

Aunque fuimos por masajes individuales, nos comentaron en Epilien que ofrecen experiencias en pareja ideales para reconectar. Fue una opción ideal y optamos por el Ritual Dosha Duo: un espcio que olía delicioso, se sentía cálido y muy romántico, donde nos masajearon con aceites personalizados según nuestros doshas. A él, Vata-Kapha, le prepararon una mezcla de sésamo y vetiver para anclarlo; a mí, Pitta, aceite de coco con rosa y menta. 

Fue como si nos sumergiéramos juntos en un río tibio, cada uno fluyendo a su ritmo, pero en la misma corriente.


Tip slow: Antes de empezar hicieron una limpieza con cuencos tibetanos, un sonido que nos encanta a la hora de meditar y mientras las manos de los terapeutas trabajaban, sonaba música de cuencos tibetanos también, sentíamos que vibraba en nuestros huesos.


Cuando las manos leen lo que las palabras no dicen

Pamela nos explicó que el masaje Abhyanga no solo libera músculos, sino emociones atrapadas. Usando aceite de almendras con romero andino, sus dedos encontraron un nudo en mi hombro izquierdo. «Aquí guardas las expectativas que no cumples», dijo. Y entonces, entre lágrimas y risas nerviosas, entendí que mi obsesión por tener «todo a la perfección» me estaba quitando el aire. 

Revelación en pareja: Mi novio, en su masaje, descubrió que cargaba tensiones por su trabajo como músico… ¡y eso explicaba sus noches de insomnio!


Más allá de los masajes

  1. Espacio en pareja: Tras la terapia, puedes sentarte en un espacio interno muy cómodo, comer unas deliciosas galletas y nos dieron unos lindos post it para que escribimos tres cosas que queramos soltar como pareja.
  2. Talleres para parejas: Ofrecen sesiones de auto-masaje ayurvédico donde enseñan a usar puntos marma (claves en la medicina india). Ahora, mi novio sabe aliviar mi dolor de cabeza con una presión suave en las sienes.
  3. Detalles locales: Todos los aceites usan plantas de la Sierra ecuatoriana. ¡Hasta el té es de huertos orgánicos!

¿Cómo replicar la experiencia en casa?

Si no pueden ir a Epilien aún, aquí les dejo unas ideas para crear su spa en casa:

  • Aceite: Mezclen 4 cucharadas de aceite de coco, 2 gotas de sándalo (afrodisíaco ayurvédico) y 1 de bergamota. Calienten a baño María y masajéense los pies mutuamente. También pueden comprar en Epilien, en línea junto con las pindas que las pueden calentar en el microondas.
  • Baño de sonido: Usen una lista de reproducción de cuencos tibetanos y siéntense frente a frente con los ojos cerrados. Al terminar, compartan una palabra que resuma lo que sintieron.
  • Ritual de hierbas: Quemen palo santo (lo venden también en Epilien) y pasen el humo uno al otro, diciendo en voz alta algo que agradecen del otro.

Epilien nos recordó que el amor no solo se construye en grandes viajes, sino en estos pequeños oasis donde el mundo se detiene. ¿Y ustedes? ¿Qué rincón de Quito (o de su hogar) usan para reconectar como pareja?

Con cariño desde nuestro departamento convertido en spa improvisado,
Margarita (y Tata y Tita, que ahora piden spa canino 🐾).


¿Te inspiró? Guarda esta frase de Pamela, nuestra terapeuta favorita: «El mejor regalo para tu relación no es una joya, es un momento donde solo existan el uno para el otro». 

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